Guatemala Tierra De Tradiciones y Cultura
Por: Juan Cuesta
Comienza la aventura, viajando en un Toyota Corolla blanco de 4 puertas, fabricado en el año 2002, 5 plazas, la verdad era muy cómodo. Al volante estaba Wicho, de copiloto Marcela, atrás a mi derecha Andrea y por ultimo su servidor.
La mañana tenia un clima algo fresco, mas bien el típico clima que recibe un nuevo día con los trabajadores guatemaltecos. Comenzamos a las 7:00 en punto, algo raro en el chapín, fuimos puntuales y salimos de una residencia en San Lázaro que era nuestro punto de reunión. Enfilamos con al primer destino con buena música, papalinas y galletas para desayunar, todos vestíamos como para un día de campo. Llevábamos en mente que teníamos que ir con un a vestimenta cómoda pues es un lugar donde nos tocaría caminar.
Luego en la ruta, un trayecto despejado, muy pocos carros en las calles, literalmente fuimos a colocar la calle en la mañana. Todo estaba muy bien el ambiente era de ansiedad por ir a conoce por primera vez tan famosa tradición guatemalteca. Llegamos a nuestra primer parada técnica. Mc Donald’s es un restaurante que gusta mucho y nunca falla, con el hambre matutino que nos devoraba el estomago, pasamos a pedir un poco de comida para aguantar el viaje. Según nosotros el viaje iba a ser algo largo. San Lucas es un buen sitio para escapar de la ciudad, queda súper cerca, a tan solo 15 Km de la urbanización, es allí en donde se encuentra el Mc Donald’s que visitamos. Un pan con huevo y salchicha, jugo de naranja, papas fritas, fue el menú que abrió el destino culinario de ese día. Los 4 aventureros comimos en el carro para no perder el tiempo, la ansiedad seguía presente. Mientras la vegetación cambiaba a un panorama mas boscoso con aquellos pinos verdes, grama de un color sano, tierra húmeda, flores de barranco, granjas extensas, clima ventoso, animales silvestres, ya se podían observar las diferentes vestimentas de los pobladores.
La vestimenta autóctona de Guatemala es simplemente preciosa, colore que nunca hemos visto, diseños originales, ninguno es igual otro, todo esta hecho a mano. Ya en las afueras del primer poblado te das cuenta que ya estas en otro ambiente muy diferente a la ciudad y eso que no has recorrido mucho. Guatemala es un país tan diverso y a la vez es tan pequeño es un cofre de diversidad que cautiva a cualquier turista. El sol alumbraba la nueva mañana, y estábamos ya a mitad de camino. A tan solo 10 kilómetros de Sumpango, ya se veían mas personas que tenían todas las características de ser visitantes y emprendedores de una nueva experiencia de vida. Realmente una nueva experiencia de vida. Muchas personas me habían recomendado ir a Sumpango, mas yo no soy muy fanático de los lugares donde hay muchas multitudes, probablemente es por que soy muy tímido y cerrado. Entre mas nos acercábamos por la carretera mas alegres nos poníamos, teníamos buena música muy rítmica en el carro, esperando que el camino fuera mas largo. El precio de la ignorancia, no sabíamos donde quedaba el pueblo, pero seguíamos avanzando. De repente pasamos el cruce a La Antigua Guatemala y nos dimos cuenta que nuestro GPS marcaba que estábamos cerca ya del lugar, relativamente cerca. Como digo en este país estas en otro destino turístico en menos de 1 hora, es algo que nos envidian todos los visitantes de otro países. Por fin en la carretera logramos ver a lo lejos unas montañas con una vegetación totalmente diferente a la normal, aquello era precioso. Unas montañas boscosas y con cultivos pequeños, mas bien para autosostener a una familia numerosa. El maíz y los vegetales es el principal cultivo que se puede apreciar. Las líneas exactas paralelas una de la otra, frutas, verdura y plantaciones de características muy sanas es lo que resalta en las vistas desde la carretera. Yo llamo a esa área casi llegando a Chimaltenango, la pequeña Suiza. Es idéntico a las carreteras de Europa.
En el camino ya muy cerca de Sumpango, comenzamos a ver las bellas montañas a contra luz del sol cuando de repente logramos divisar unas estructuras llenas de color, múltiples colores, divisamos los famosos barriletes gigantescos. Cruzamos en el primer cruce a la derecha que encontramos, un cruce sin señalización. La felicidad se apodero de nosotros por que ya estábamos llegando al gran evento anual. Los GPS de nuestros celulares perdieron señal, no sabíamos a donde íbamos pero repetíamos a nuestro conductor “ vos dale mano, seguí allí vimos los barriletes y de repente ya al final de la subida llegaremos al evento”. Ese pueblo desconocido era precioso, me admire de el camino largo, unos 3 kilómetros de puro aire fresco, sembradillos de frutas coloridas, animales de corral, cerdos, gallinas, caballos, la carretera era impecable, ni un solo hoyo en el camino, ni uno solo, aquello era precioso, pocos carros, casas pequeñas mas bien estilo colonial. Esa mañana pintaba el pequeño pueblo y lo hacia ver alucinante, pocos pobladores y muy unidos por lo que pude ver, la gente allí vive como se debe hacerlo. Todos mirábamos por la ventana la belleza de ese pequeño pueblo, no sabíamos ni por donde estábamos, no teníamos ni la mas minima idea. Pero yo solo decía en mi cabeza “quiero mudarme aquí’ es un pueblo para vivir y disfrutar la verdadera esencia de la vida. Llegamos al centro del pueblito, y le preguntamos a la primer persona por los barriletes grandes, eso era gracioso el pobre Don nos dijo que estaban en el parque central y que siguiéramos recto, hasta el fondo, eso hicimos los 4 tontos desorientados. Al llegar al parque efectivamente encontramos los barriletes grandes que vendían los pobladores, eso era precioso, hechos a mano con papeles de colores a tan solo 10 Quetzales. Yo muchas veces me caracterizo por ser algo inmaduro y podemos decir que tengo comportamiento de un infante de 10 años. Me quería bajar del carro para comprar uno y volarlo junto a los grandes de Sumpango.
Pues resulta ser que no encontramos los barriletes gigantes por los cuales habíamos emprendido ese viaje entre amigos aventureros. Era realmente gracioso nadie sabia nada en el pueblo, en mi cabeza pensaba que los pobladores son tan celosos con sus tradiciones que nadie nos quería decir tan fácil por donde ir. Luego vimos unos policías, con mucha amabilidad preguntamos que nos dijeran en donde estaban los barriletes de Sumpango. Los amables y muy tranquilos policías nos dijeron que no estábamos en Sumpango y que ni ellos mismos sabían como se llamaba el pueblo en donde estábamos, es realmente gracioso contar esa parte de la aventura, ni los mismos policías conocían el pueblo que les toca cuidar. Lo único que puedo decir es que es un pueblo que quiero volver a visitar y si puedo quiero vivir unos 3 meses allí para vivir en un área rural tan preciosa.
La mejor opción era regresar a la carretera principal, y buscar Sumpango. Regresamos a la carretera principal y yo me quede triste, pues ese pueblito desconocido y misterioso me cautivo. Regresamos a la carretera esta vez algo preocupados por que nos dijeron que hay que estar temprano en Sumpango para no encontrar mucho trafico y poder aparcar el carro en un lugar cerca y así no caminar tanto. Continuamos dejando atrás el pueblito y acercándonos a la carretera principal. Los teléfonos ya tenían señal, el GPS apuntaba que nos hacían falta 5 kilómetros para el cruce a Sumpango, todos en el carro estaban preocupado y yo solo les decía que cuando viniéramos de regreso por lo menos teníamos que pasar a tomarnos un elote en algún puesto de ese pueblo, parecía que no les hacia nada de gracia. Y de repente por fin encontramos trafico pesado en el cruce que tenia un letrero grande que decía “Bienvenido al festival de los barriletes”. Estábamos tan cerca pero a la vez tan lejos por el trafico, las camionetas estaban descargando cosas y pasajeros ya desde la entrada a Sumpango. Lo bueno es que yo no tenia que conducir entonces yo estaba muy pero muy relajado en el asiento de atrás. Solo podía ver a esas rubias americanas que tanto me gustan, con un guía turístico, todas con sus mochilas, ropa deportiva, mapa en mano, tatuajes que resaltan el bello color de su piel, anteojos de sol, el cabello parecía llama de fuego con el viento. Es la mayor congregación de turismo que he visto en Guatemala y eso que he visitado muchos lugares turísticos. Eso era un gran evento. Resulta que al final logramos pasar el trafico que solo era en la entrada y de repente entramos a Sumpango. Aquel ambiente era como llegar a la tierra prometida Israel, todos con una cara de felicidad y yo viendo a los vendedores de la calle que me ofrecían desde afuera del carro unos barriletes. Yo seguía necio con comprar un barrilete y todos parecían estar en desacuerdo para no perder tiempo y es que además sabían que les iba a tocar cargar mi barrilete. Por fin entre tanta gente y tantos cruces logramos llegar a una recta en donde estaba presente la policía de turismo. Verdaderos expertos en orden publico y conocedores del lugar. No nos decían nada solo miraba que tenían una banderita con la cual te guiaban a un único parqueo que estaban usando, la famosa escuela para varones 13 de Julio. Un parqueo improvisado y lucrativo, pero muy seguro y a la vez bien organizado. Estacionamos y nos bajamos lo primero que hicimos fue estirarnos y yo solo miraba a esas mujeres turistas que llegaban a presenciar el evento. Todos hablaban ingles, Frances, alemán, hasta pude escuchar gente hablando árabe, es decir ese era un evento muy importante y teníamos visitas de muchos países, es irónico por que me atrevo a decir que habían mas turistas que personas locales, casi el idioma en Sumpango era el ingles. Bueno y llego la hora de volar pata como decimos en Guatemala, nos dijeron que había que caminar por lo menos unos 3 kilómetros cuesta arriba, yo estoy algo pasado peso por lo cual me dedique a buscar un transporte publico local para solicitarle que me llevara al cementerio. Mis aventureros se acobardaron y me decían que me podían asaltar, es ridículo, en esos pueblos todos se conocen y ladrón visto, ladrón muerto. Un autobús miniatura color rojo, bien limpio y bien decorado para la ocasión se apareció a lo lejos y comencé a gritarle “bus, bus , bus” el experto conductor intrépido gira el volante y me aproxima a toda velocidad, siempre se preocupan por llegar puntual a cualquier precio. Le pregunte ¿ Cuanto me cobras por ir al cementerio papa? A lo cual el respondió 5 pesos, súbanse mucha yo los llevo.
No la pensé ni una sola vez, yo no estaba dispuesto a caminar colina arriba 3 kilómetros ni de chiste, el amable chofer nos da la bienvenida y nos dice “suban, ¿hola como están? Bienvenidos, ¿al cementerio todos verdad? “ le respondimos que si y nos dijo que le pagáramos al final. “ pongan su música, ¿ es primera vez? “ si es primera vez que venimos “ les va a gustar, es una tradición que lleva varios años y recibimos visitar hasta de Pakistán, el pueblo se soca de gente y calculamos que vengan hoy un millón y medio de personas, hicieron bien en venir temprano, puta después como cuesta pasar, todas las personas vendiendo mierdas en la calle y esto se vuelve imposible” yo me reía por la forma en que nos hablaba el conductor. Era muy sincero y amigable.
Nos llevo a una velocidad, que yo sentía que éramos muy importantes no tardamos ni 2 minutos, el experto chofer solo bocinaba para que todos se quitaran y les gritaba por la ventanilla, ‘” Quítate papa que no tengo tiempo, llevo gente al cementerio; quítese mamita que no puedo pasar; ¿qué te pasa, animal allí no podes cruzar serote” era toda una aventura, hasta me dieron ganas de gritar a mi también. Nadie se estresaba todos convivíamos como verdaderos hermanos guatemaltecos, dejando atrás las apariencias y los mitos del estupido separatismo social que se normalmente. Y de repente llegamos al cementerio, aquello parecía como que estuvieran regalando pisto, miles y miles de personas comprando en la calle recuerdos y comida para pasar el día. Subimos por una cuesta atascada hasta donde ya no se podía mas de gente. Para disfrutar mas el día me dieron una ganas de tomarme una “ Chela” una gallo. Lo primero que hice fue buscar un tienda de barrio para comprar mi cerveza, 12 Quetzales y me dieron a las 11:00 am mi primera cerveza con escarcha refrescante para el sol “ Todo el sabor de Guatemala en una lata, no es un vicio, es una sana tradición, Gallo la mejor cerveza”.
Entre con cerveza en mano y con mucho pero mucho respeto al campo santo. Los olores al incienso cautivan tus sentidos, es un ambiente mas bien de respeto y misterio. Las personas visitan a sus seres queridos y los conmemoran llevándose comida y compartiendo el almuerzo con ellos. Nadie estaba llorando, mas bien era una fiesta para recordar con alegría a los seres queridos. Los olores de las flores, los colores de las mismas eran dignas para ser fotografiadas. Es muy interesante ver como ellos conmemoran a sus difuntos. La tradición cuenta que ellos celebran el día de todos los difuntos y van a compartir con ellos un almuerzo para entirse cerca, y vuelan barrilete para ahuyentar a los malos espíritus. En el cementerio se hacia imposible caminar, pues había mucha gente, a pesar de estar repleto de gente, me gusto mucho que todos mostrábamos respeto por los difuntos, era un acto de mucha solemnidad. Mucha tradición y cultura. Tengo que confesar que a mi no me gusta mucho ir a los cementerios, me da mal presentimiento y no me siento cómodo.
Las tumbas estaban siendo decoradas y pintadas por los familiares de los muertos, eso era un verdadero arte digno de resaltar, la gente cantaba y rezaba junto a las tumbas, pasaban el día y tengo que confesar, que se sentía como que si los espíritus buenos de los difuntos salían de las tumbas para convivir con sus familiares en esta jornada de festejo. Mas bien como repito no era un ambiente de dolo ni tristeza, era una verdadera fiesta, los mariachis interpretando canciones muy conocidas y llenando ese lugar de paz y emoción.
Y por fin, justo al lado del cementerio se llevaba a cabo el tan esperado evento, los barriletes gigantes. Un campo de futbol, calculo que habían unas 300,000 personas, pero era lo suficientemente grande para no sentirse aglomerado. Personas de diferentes nacionalidades en su mayoría europeos. Es un evento famoso a nivel mundial. Puede platicar con unos españoles y uno ingleses que me contaban que vinieron a Guatemala 1 semana solo para presenciar el festival de los barriletes, así de grande es el evento. Me acerque a como pude a ver los barriletes que ya desde lo lejos se miraban grandes, para ser especifico, estar al lado de uno de esos barriletes, hace que uno se sienta diminuto, 20 metros de diámetro, colores perfectamente combinados, escrituras con mensajes de paz en la cara del barrilete, otros retrataban una escena, otros con paisajes, hechos de bambú y papel reciclado. Toma aproximadamente de 6 meses a 8 fabricar uno de esos imponentes y alucinantes barriletes, toda la gente pelea por retratarse con su cámara desde el mejor ángulo para tener el barrilete en la fotografía. Las personas que construyen esas verdaderas obras de arte artesanales son unas celebridades ese día, tan importantes que para hacerles una pequeña entrevista tuve que esperar como 40 minutos por que los medios de comunicación locales e internacionales estaban abordándolos con micrófono y cámara en mano. Esto es un evento que hay que asistir antes de morir.
Lo mas curioso es que una terna de jueces tienen que elegir a los 3 barriletes mas bonitos y la verdad es un trabajo muy difícil por que todos son alucinantes.
Una verdadera fiesta con música, la gente local compartiendo con los turistas, estoy totalmente seguro que los turistas que estaban allí se sentían como en casa, vuelven a venir a Guatemala.
De repente se acercan los vendedores de helados, manías y diferentes golosinas, son ellos quienes terminan de darle ese ambiente de día festivo al evento. La comida era deliciosa y a un precio sumamente accesible. Era momento de apagar el calor nuevamente con otra Gallo. Yo estaba comando mi refrigerio cuando derepente veo en el horizonte que se eleva un barrilete gigante. Alza el vuelo un barrilete representando Guatemala todas las personas disparaban fotos con precisión y rapidez, la piel se te eriza solo de ver el barrilete de 8 metros alzando vuelo por los cielos de Sumpango.
Guatemala tierra linda, tierra libe, tierra de gente bonita. Un país tan diminuto pero con una historia y cultura tan rica y grande. Invito a todo el que lea esta crónica a que disfrute de este festival.

